Evolucion de la Brujeria

Martes, 19 Agosto   

Las viejas diosas madres han sido vencidas, pero no derrotadas. Pese a que simulan agachar la cabeza continúan al acecho, aparentemente a la sombra de sus maridos, y se presentan ante los hombres como una deidad bienhechora, creadora y preservadora de vida, a la que los hombres y las mujeres suplican que interceda por ellos ante su poderoso marido.

Calladamente, el culto de las diosas-madres continuó con más fuerza que nunca. Incluso cuando el mundo cambió, y llegaron a los altares de las ciudades dioses monoteistas, como Atón, Ahura-Mazda o Jehová, las clases populares campesinas siguieron adorando a Isis, Mithra y Anaita.

La mejor manera de adorar a la diosa de la fecundidad y al dios de la vida y la muerte era representar su unión sexual, glorificarla, enaltecerla no de forma obscena, sino para ensalzar su fecundidad. En un mundo donde se instaura con fuerza la pareja monogámica, el Culto se llena así de símbolos fálicos, y son frecuentes en él las orgías múltiples, desenfrenadas fiestas de sexo y placer donde abundan los intercambios de pareja.

Esto último obedece además a tres motivos: en primer lugar, permite que parejas en las que el hombre es muy anciano o estéril puedan tener descendencia. En segundo lugar, realizarlas en momentos determinados del calendario campesino “activa” los campos y los hace fecundos. Por último, qué demonios, es mucho más divertido que asistir a las cada vez más ceremoniosas y aburridas celebraciones eclesiásticas.


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